La agricultura ecológica es un sistema de producción que evita o excluye en gran medida la utilización de fertilizantes compuestos sintéticos, plaguicidas, reguladores de crecimiento y aditivos para la alimentación de ganado. En la mayor medida de lo posible, los sistemas en agricultura ecológica se basan en el mantenimiento de la productividad del suelo y su estructura, la aportación de nutrientes a las plantas y el control de los insectos, de plantas adventicias y otras plagas. Igualmente en la rotación de cultivos, los residuos de los cultivos, los abonos minerales, las leguminosas, los abonos verdes, la utilización de residuos orgánicos producidos fuera de la finca, y determinados aspectos del control biológico de plagas.
La agricultura ecológica se define como un grupo de sistemas de producción, que persigue la obtención de alimentos libres de contaminantes químicos basados en una metodología respetuosa con el medio ambiente, a la vez que permite una reducción considerable de los costes de producción y la obtención de una rentabilidad razonable para los productores.
Basado en lo anteriomente dicho, los sistemas de producción
ecológica no emplean fertilizantes químicos de síntesis ni agrotóxicos
para el control de plagas, enfermedades y plantas invasoras, ni métodos
que provoquen un deterioro del suelo y el medio ambiente en general.
Con respecto a la ganadería no se emplean antibióticos, hormonas u
otras drogas como alimentos o tratamientos preventivos, y la crianza
animal se basa en sistemas productivos que permitan un máximo de
bienestar de los animales.
Las tecnologías ecológicas consiguen sus objetivos productivos
mediante la diversificación y la intensificación de las interacciones
biológicas y procesos naturales beneficiosos. Al potenciar estos
procesos beneficiosos en los sistemas de cultivo, se logra activar el
sistema biológico de nutrición de las plantas y la regulación de los
organismos que se pueden convertir en plagas.
La agricultura ecológica también puede ser definida como un método
de producción que procura llegar a sistemas ecológicamente equilibrados
y estables. Deben ser económicamente productivos en cualquier escala y
con eficiencia en la utilización de los recursos naturales. Los
alimentos deben ser saludables, de alto valor nutritivo y libres de
residuos tóxicos.
A pesar de todo lo anterior, la definición de la norma básica de
agricultura ecológica, Reglamento (CEE) n° 2092/91 del Consejo de 24 de
junio de 1991 sobre la producción agrícola ecológica y su indicación en
los productos agrarios y alimenticios, se refiere exclusivamente a la
no utilización de productos químicos de síntesis, y el Ministerio de
Agricultura, Pesca y Alimentación (2005) la define como un compendio de
técnicas agrarias que excluye normalmente el uso, en la agricultura y
ganadería, de productos químicos de síntesis como fertilizantes,
plaguicidas, antibióticos, etc., con el objetivo de preservar el medio
ambiente, mantener o aumentar la fertilidad del suelo y proporcionar
alimentos con todas sus propiedades naturales.
El suelo es un medio vivo y dinámico
La gran diferencia entre la agricultura ecológica y la convencional es la manera de tratar el suelo. Para la agricultura ecológica, el suelo es un organismo vivo y su elemento más importante. Para la agricultura convencional el suelo es un mero soporte mecánico de la planta.
El suelo posee una amplia y
diversificada fauna y flora, que se integra a su fracción
mineral y que depende de la transformación de la materia
orgánica y del ciclo de los nutrientes.
Algunos autores
señalan que el suelo puede llegar a tener 600 millones de
seres vivos por centímetro cúbico. Las lombrices,
verdaderos arados del suelo, se pueden encontrar bajo buenas
condiciones en niveles de 1,5 a 2 millones por hectárea. Cavan
túneles en todas las direcciones, lo que ayuda al agua y al
aire a penetrar en el suelo, engullendo y procesando toda la materia
orgánica que encuentran a su paso, convirtiéndola en un
humus finísimo de excelente calidad.
Los excrementos de las
lombrices contienen de tres a once veces más cantidades
asimilables de fósforo, así como de magnesio y potasio
intercambiable que el suelo. Eleva alrededor de cinco veces la
disponibilidad de nitratos y en un 30% la de calcio y disminuye la
acidez del suelo. Las lombrices también aumentan hasta un 60%
el desarrollo de las bacterias y otros organismos incluyendo los
fijadores de nitrógeno atmosférico y los que aceleran
la fermentación de los restos de vegetales y animales,
contribuyendo al reciclado de nutrientes y la nutrición de las
plantas.
Para la agricultura ecológica, el humus es fuente
de vida. Éste se produce por la transformación de
restos vegetales por los organismos del suelo, liberando nutrientes,
que conjuntamente con las producciones de los microorganismos que
crecen a sus expensas, pueden suministrar a las plantas sustancias
orgánicas como aminoácidos, vitaminas, ácidos
nucleicos, azúcares, antibióticos y hormonas del
crecimiento, que son absorbidas por las raíces.
También
se sabe que en presencia de humus, las raíces aumentan la
absorción de nutrientes del suelo. El humus también
posibilita el desarrollo de hongos útiles que se asocian a las
raíces de las plantas formando micorrizas. Las micorrizas
solubilizan el fósforo y otros nutrientes que de otra forma no
estarían disponibles para las plantas y aumenta
extraordinariamente el área de exploración de las
raíces en el suelo.
Las investigaciones también
muestran que la materia orgánica del suelo controla los
nemátodos, bacterias y hongos que causan enfermedades en las
raíces. Además de eso, el humus es el único
agente capaz de aumentar la fertilidad de los suelos, mejorando al
mismo tiempo sus propiedades físicas, químicas y
biológicas.
Se ha demostrado fehacientemente que los
mayores enemigos del humus, la vida del suelo y la conservación
de éstos son el laboreo excesivo de las tierras, la
fertilización con abonos nitrogenados solubles y el
monocultivo.
El laboreo excesivo intensifica la oxidación
de la materia orgánica del suelo, entierra las partes más
activas del suelo y favorece la erosión. La fertilización
con fuentes solubles de nitrógeno actúan solubilizando
el humus y produce sustancias que son tóxicas para los
microorganismos del suelo como ha sido demostrado por el entomólogo
norteamericano Fred Word (1900).
El monocultivo tiende a agotar algunos minerales del suelo y no permite suministrar al suelo una materia orgánica diversificada.Los agricultores ecológicos no sólo pretenden perturbar el suelo lo menos posible, sino también alimentarlo correctamente. Esto lo logran a través del uso de diferentes fuentes de materia orgánica (compost, abonos verdes, etc.) y otras técnicas como pueden ser el uso de fertilizantes y enmiendas no solubles, la corrección con microelementos, la inoculación con microorganismo, el uso de preparados biodinámicos, los cuales lo introducen en el suelo conjuntamente con los abonos orgánicos en forma de compost, entre las prácticas principales.
Los agricultores orgánicos saben que un suelo biológicamente equilibrado produce plantas saludables, productivas y la producción de alimentos es de mayor valor biológico